jueves, 3 de enero de 2013

CAP 1: La llegada a la región del mar (I PARTE)




Oscuridad y silencio.

De pronto, las rejas que no puedo ver por la intensa y eterna noche que me fue impuesta, se abren, por primera vez en mucho tiempo siento el ruido de algo, aquel sonido es desgarrador, tanto que perfora mis oídos. Veo a un hombre de unos veinticinco años o más. Corpulento, de rostro redondo y afeitado, muy distinto a aquel muchacho de pálido aspecto que me dejó aquí encerrado hace tantos años.

-¿Gabriel?.- Le pregunto para cerciorarme. Aunque si no era él ¿Quién más podría ser?

-¿Quién otro podría ser?.- Me responde con sarcasmo. Miré alrededor y noté que nos encontrábamos (o más bien él se encontraba) arriba de un autobús, vi a los pasajeros y luego miré por la ventanilla notando así la carretera nublada, al mismo tiempo que reconocía en mi amigo una sensación de malestar.

-¿Por qué me haz sacado después de tanto tiempo?.
- Objeté sin querer sonar muy inoportuno, pues tenía miedo de que Gabriel se arrepintiese de la opción que había tomado, de liberarme.
-Porque estaré solo un buen tiempo.- Dijo cortante y con voz profunda. Ante esa respuesta me sentí de lo más usado, pues a pesar de la poca vida de la que me podía ufanar, tenía cierta dignidad y cierto orgullo, pero como no deseaba volver a las tinieblas de su mente preferí quedarme callado. De todos modos el comportamiento excesivamente arisco de Gabriel evidenciaba que no estaba dentro de su cordura diaria, más allá del hecho de que haya decidido liberarme tan repentinamente.
-¿A dónde vamos?.- Pregunté con determinación ya que no quería dejarme intimidar tan fácilmente.
-Estamos llegando a la región del mar.- ¡La región del mar! Que lejos estábamos de la ciudad de Tal, aunque bueno, yo no tenía idea de la nueva situación de Gabriel, se notaba que había transcurrido mucha agua bajo el puente con sólo ver su aspecto físico, pero si de algo estaba seguro era  que Gabriel no estaba del todo cómodo con el viaje. Seguramente no era un viaje de placer, pese a que la región del mar era un esplendido lugar para turistas.
-¿Se puede saber para qué vamos allá?.- Gabriel se hizo el sordo, jugó un momento con el primer botón de su camisa, desabrochándolo y abrochándolo. Dio un respiro y me dijo.
-Por un trabajo que me ofrecieron.-
Ciertamente yo no podía saber muchas cosas del nuevo estado que tenía mi amigo, cuando me encerró en su mente él llegaba casi a los dieciocho años y salía de una depresión existencial muy severa. En ese tiempo yo lo obligaba a  errar diariamente por el puente Io-Io, que era un gigantesco puente colgante de unos 2.157 metros de largo que conectaba su natal ciudad de Tal con la ciudad de San Pedro de la Rocka. Aquel periplo lo alejaba un poco de la sociedad que con sus constantes energías perturbaban la aparente paz que buscaba Gabriel a esa edad.

No puedo o no quiero recordar como fue el momento justo en que él me encerró, pero sé que fue de forma paulatina. Sí, primero me silenció, un poco después me encadenó, continuó cegándome para que  ya al final le fuese fácil dejarme encerrado en las prisiones de su mente. A pesar de que por mucho tiempo le guardé rencor y odio, siempre supe que llegaría el día en que me liberaría por alguna razón, pues sólo me había aprisionado y nunca exterminado. Sin embargo, así mismo como fue mermándome, pensé que de a poco iba ir liberándome, mas me liberó tan repentinamente que ahora me he quedado perplejo y sin saber muy bien cómo actuar.

Gabriel  había perdido mucho cabello  con el transcurso de los años, de hecho desde arriba se le podía ver una pequeña calva que de a poco le iba a comer toda la cabeza. Al llegar al terminal, él se puso a fumar y mirar una fotografía que extrajo de su billetera. La fotografía (tamaño carné)  era de una muchacha morena de pequeños ojos y redondos pómulos.
-¿Quién es ella?.-
-¡Ay hombre! Siempre metiéndote donde no te llaman. Esta vez si vas a estar conmigo no quiero que seas tan impertinente. Me dejarás cierta privacidad ¿entendido?.- Alegó irritado. Yo sólo lo observé y le dije que aquello sería un poco difícil, entonces mi amigo al contemplar que no tenía remedio me reveló que era su novia, que de hecho se había comprometido con ella. Yo me sorprendí con la noticia, pues nunca antes había tenido la oportunidad de conocer a Gabriel en una faceta así, aunque en todo caso, ahora tampoco se daría la ocasión porque el motivo de mi presencia parecía ser ese: Gabriel estaría solo un buen par de meses en esta caótica región.  Nos subimos a un autobús al salir del terminal,  él se fue pensativo. Era increíble como ahora  yo no podía ahondar del todo en sus pensamientos, el nivel de desdoblamiento que había logrado para conmigo era admirable, ya nada era como antes, no podía entrar y salir de su mente a mi antojo, existía ahora una gran valla que aislaba mi presencia en su cerebro, comprendí entonces a lo que se refería con que lo dejara tener cierta privacidad, en todo caso, yo era parte de su mente por lo tanto tarde o  temprano volvería a entrar en todos los recovecos que ésta me ofrecía. 

Caminamos un par de cuadras después de bajarnos del autobús, nos encontrábamos en un precioso cerro desde el cual se podía apreciar con entera intensidad la hermosa panorámica de la región del mar, aunque ahora la neblina matutina producida por las cercanías del inmenso puerto no dejaban contemplar todas las casitas de los cerros o la iluminaria de la autopista que colinda con el puerto. Seguimos subiendo hasta llegar a un pequeño pasaje llamado Harrington (la región del mar esta llena de pasajes, calles y bares con nombres ingleses, pues una importante colonia de inmigrantes aporta una cuantiosa población a la región) entramos hasta el fondo del pasaje hasta toparnos con una inmensa casona de madera pintada de rojo. Era de esas que datan del siglo XVIII y que son muy comunes por esta región, a pesar de sus años estaba  muy bien cuidada. Para llegar hasta la puerta de la casa había que abrir una reja magistral casi intimidante y luego subir unas escaleras igual de imponentes. Mientras Gabriel esperaba que alguien bajase y le abriese la reja, un hombre algo mayor salió de la casa vecina en la cual se encontraban un par de perros que no paraban de hacer escándalo por nuestra presencia (digo nuestra porque sé lo súper sensitivo que son los animales) el viejo los hizo callar con su mirada, tenía barba y barriga, vestía de terno, su estampa era como de alguien importante.
-Buenos días señor. ¿Usted va a arrendar una pieza aquí?.- Interrogó el viejo observando con agudeza a Gabriel.
-Sí.- Respondió  dudoso, pues no conocía a ese personaje (bien, acabo de entrar un poco en su mente) el viejo se perfiló con algo de estilo inglés y dijo:
-Mire, es mi deber moral informarle que me encuentro en proceso de juicio con la señora que arrienda estas habitaciones. Yo soy el dueño de ésta y otras casas, ella me sub arrendaba y bueno, yo y la señora no llegamos a  buen acuerdo,  la tuve que demandar. Yo le informo esto para que lo tenga presente, para que sepa que en algún momento usted y los otros que están alojando aquí van a tener que irse. Yo de verdad lo lamento mucho, pues no tienen la culpa de nada  y van a tener que pagar los platos rotos, pero como le digo, las cosas entre la señora y yo no resultaron. Yo sólo cumplo con  mi deber moral al informarle.- Gabriel quedó helado, totalmente desencajado. Cuando había hablado por teléfono con la señora que arrendaba la pensión, ésta no le había comentado nada al respecto (Genial, esta vez pude entrar sin problemas a su mente y adiviné fácilmente sus pensamientos)   Era una mierda comenzar así el día, lo peor es que él ya había pagado los primeros dos meses que estaría en esa casa y no era ninguna gracia que lo jodieran de esa forma, en una región que no conocía, con gente que no conocía, incomunicado de su familia y de su pareja,  ahora sí que la sacaría bien estando sin lugar dónde alojar. Finalmente el viejo se marchó en su camioneta y sólo unos minutos después apareció un gordito vestido únicamente con bata. Era un chiquillo de aspecto risueño. Con gentileza le abrió la reja a mi amigo, luego subimos siguiendo el gracioso menear del trasero del gordo aunque evitábamos mirarlo fijamente, pues no  llevaba nada puesto  abajo.

-La señora Eglantina no se encuentra ahora, pero aquí me dejo tus llaves y…ven, te muestro tu pieza.- Gabriel subió algo cabreado por las escaleras que rechinaban demasiado al pisarlas. El gordo le mostró un cuarto bastante amplio que tenía sólo una cama y un escritorio. Gabriel dejó su bolso en el suelo y preguntó cuándo llegaría la señora Eglantina.

-Mañana sin falta.- Y luego se excusó diciendo que volvería a la cama, pues tenía mucho sueño. Justamente el gordo dormía en la pieza de en frente, como no cerró la puerta pudimos ver que se acostó desnudo en su cama junto a alguien que estaba ya en el interior de esta. Unas risitas se dejaron sentir. Gabriel cerró rápidamente la puerta de su pieza algo azorado por ese vistazo. Se recostó en la cama mirando el techo y durmió unas cuantas horas.  
Pasado un rato, mi amigo se dirigió al centro de la ciudad principal de la región del mar, que en realidad era una ciudad puerto  a la que todos los lugareños la definían solamente como el puerto. Caminamos por las largas y estrechas calles repletas de edificios gigantescos que se imponían con grandeza en el paisaje debido a sus magnificas fachadas. Ciertamente el hecho de que se tratase de una ciudad puerto le otorgaba un profundo sincretismo cultural al ambiente y era fácil toparse en las calles con gringos, alemanes, franceses, japoneses o hindúes que turisteaban por los alrededores del esquizofrénico lugar. Gabriel llegó hasta las cercanías de un inmenso cerro y subió hasta la cima usando un ascensor que se deslizaba diagonalmente. Tuvo que seguir caminando por el cerro, que parecía insaciable en senderos y rutas, se maravilló también observando los paisajes estratosféricos que le permitían admirar todo el puerto y casi toda la región del mar. Que yo recuerde, en la sureña ciudad de Tal, los paisajes bonitos y el cosmopolitismo sólo se podían contemplar en revistas de viaje que vendía un viejito que justamente había vivido toda su vida en la Región del mar. El viejo a diario contaba historias a los chicos de la cuadra sobre su enigmática ciudad  y decía que nadie que viviese ahí salía de aquel lugar sin una buena razón para hacerlo, en su caso –decía-  arrancaba del diablo con quien había hecho una apuesta en uno de los bares más bohemios de la región, lugar en que Satanás gustaba de tomar.  Cosas así se decían de la región del mar, en cambio la ciudad de Tal hacía más noticia por su constante corrupción política, contaminación y auge en la industria del acero. Por lo menos así era cuando Gabriel tenía quince años, quizás como será ahora.

Mi amigo ingresó a un departamento con amplios pasillos. El departamento quedaba casi en la punta de una calle. Los pasillos tenían unos inmensos ventanales que dejaban ver parte de las casas del cerro y el mar. Mi amigo aún excitado por estas maravillas no se dio cuenta que  pronto una de las puertas se abrió y apareció ante sus ojos un hombre recio, de buen porte y cabello rubio. Al igual que el viejo de la mañana,  también vestía de terno.
-Señor Llamas. Gabriel Llamas. Soy el abogado Dangelo Martínez. Mucho gusto.- El hombre estiró su brazo para estrecharle la mano a mi amigo, quien me miró entre sorprendido y enojado por no haberle advertido ese susto, luego saludó al abogado.
-Así es.- Dijo con un tono de voz algo tiritón. –Gabriel Llamas. Musicólogo y bueno… saxofonista también.- Ambos entraron a la elegante oficina del abogado que poseía adornos muy orientales, además de cuadros que contenían retratos de compositores clásicos. Después de que Dangelo hurgara un rato en su escritorio sacando papeles y ordenando carpetas, se fijó nuevamente con amabilidad en mi amigo y le consultó si quería tomar un té o algo así. Mi amigo declinó amablemente la oferta, pero lo cierto es que no estaba tranquilo, su nerviosismo era total (nuevamente pude escarbar en su sentidos y emociones).
-Bien pues, iré directo al grano.- Dijo el abogado sin cambiar la voz agradable de alguien ya experimentado y relajado.      –Yo soy el representante del señor Leroca, la persona que quiere contratarlo, ¿le suena ese nombre?.- Gabriel  sorprendido movió afirmativamente su cabeza.
-Bien, mi jefe se ha embarcado en uno de los proyectos musicales más ambiciosos que el mundo conocerá. Quiere llevar el universo del sonido a otros parámetros y necesita de su vital ayuda.- Yo no entendía muy bien qué pasaba, nuevamente la mente de Gabriel me cerraba el paso.
-Espere un momentito.- Objetó Gabriel. –Yo debería estar en la lista negra de Leroca, ¿por qué me quiere a mí para trabajar con él? Es decir, yo hundí su carrera, descubrí que su obra más importante era un plagio de un autor italiano del siglo dieciocho. No me imagino la razón por la que quiere contratarme.- El abogado continúo mirando con mucha calma a mi amigo e inclinando su silla hacía la ventana, cosa de sólo mirar las nubes, comenzó:
-Cuando  se supo esto del plagio, la sociedad de músicos ciertamente crucificó al maestro Leroca por lo que él llama su “especial habilidad de plagio”. Imagínate, para el ambiente de música docta moderna, el saber que uno de los más grandes exponentes había…basado su mayor obra, su magnum opus, aquella pieza que revolucionó el panorama conformista y desgastado de los salones,  en simples manuscritos de un fracasado y frustrado músico italiano de la ilustración, fue algo imperdonable y devastó la carrera como director del maestro Leroca. Cuando él supo que la persona que había revelado tal información no había sido un sabio de sabios, sino un muchachito universitario que exponía aquel tema como su tesis, cayó rendido…de la maravilla que le provocó saber que un genio como tú había descubierto tal cosa que ningún otro maestro de la música si quiera pudo sospechar. Fue exiliado del ambiente académico, mas no se sintió mal y ahora esta embarcado en un mega proyecto que podría cambiar muchas cosas.- Gabriel sonrió para mostrar cierta cordura.
-Lo que el señor Leroca quiere de ti es simple.- Dangelo le alcanzó una carpeta, el saxofonista la abrió y revisó algunos documentos que venían dentro, pareció no entender mucho.
-Dado que demostraste un manejo increíble en el campo de la investigación musical descubriendo que la opera de Leroca nunca fue de él y puesto que tu modo de análisis es increíble, ya que en tu tesis incluso lograste encontrar los mínimos detalles que Leroca agregó vagamente a la obra original...- El abogado dio una larga pausa para respirar.
–Dado todas esas razones… estas más que calificado para que el señor, el maestro, te reclute para este trabajo.- Dangelo sacó tabaco de su escritorio, le ofreció a Gabriel, pero él no quiso. – Gabriel, ¿alguna vez  has escuchado hablar del desastre del piano Bremejol?-
-Algo.-
-Bien, el desastre de Bremejol es la fatídica historia del pianista Holandés, Norbert Bremejol, quien construía sus propios pianos agregándole elementos dentro de las llaves de afinación. Elementos como tachuelas, clavos, cintas adhesivas, hasta piedras lisas usó. Cualquier cosa con tal de provocar nuevas notas al espectro sonoro. Bueno, se sabe tan bien que este tipo pertenecía a una secta espiritual que buscaba…lo que todas las sectas espirituales buscan, y por eso se dice que intentaba encontrar la nota que pudiese controlar los actos de la mente humana. En fin, la chismografía nos cuenta que Bremejol en el año 1988 ofreció un concierto en Estado Unidos, se trataba de un recital bastante underground tomando en cuenta el personaje del que hablamos y bueno, algo pasó en ese concierto, pues  la gente comenzó a comportarse de manera muy violenta y terminaron quemando el piano del músico y empalándolo a él  sobre su mismo instrumento. Tétrico ¿no te parece? En fin, hoy en día existe una banda de rock gringa llamada The Usuals que tocan una música digamos mundana, muy experimental. Son mínimamente conocidos sólo porque el fundador de esa banda fue el guitarrista de un grupo de rock muy conocido en los noventa. “Lost Faith” Como sea, la cosa es que Leroca sospecha de una conexión entre estos chicos y Bremejol, no obstante, él no podría averiguarlo, pero tú sí.-
-¿Una conexión? Sólo es eso, quizás el guitarrista o el tecladista o no sé, el bajista están obsesionados con Bremejol.- Resolvió mi amigo como si con eso lo arreglase todo.
-Para lo famoso que llegó a ser Bremejol, lo dudo bastante, sobre todo porque de su música no se conoce nada, no existe registro alguno, simplemente es conocido por esa loca historia y es más, en el tiempo  que vivió, poca gente supo de su vida como músico. Ahora, estos chicos de The Usuals, tienen apenas veinticuatro años, veinte seis como mucho. No creo que recibiesen una influencia directa del pianista. Lo que pasa es que las notas de una de sus canciones son exactamente esto.- Dangelo abrió una carpeta, en el interior había un partitura dibujada  a mano, lo curioso es que las notas estaban rayadas de diferentes formas, por ejemplo la llave de sol tenía unos círculos a su alrededor y un rayo la cruzaba. El papel estaba rasgado a la mitad.
-¿Qué es esto?.- Preguntó mi amigo algo más excitado.
-Es una de las únicos registros que quedan de canciones  de Bremejol, Leroca se la consiguió. No me preguntes cómo, no lo sé. Pero sí se puede asegurar que se trata de Bremejol, pues su firma está en la esquina izquierda superior, esa firma es definitivamente de él, no es falsificada, eso ya lo comprobamos.  Este extraño extracto de canción es ni más ni menos que lo que The Usuals tocan en diferentes partes de canciones de uno de sus discos, “The pianist”. Queremos que tu resuelvas este acertijo.- Gabriel nuevamente se echó a reír, pero sólo para liberar nervios.
 -Esto es una locura, pareciera que vamos a desentrañar el misterio más grande del mundo.-
-El misterio del mundo y del universo, Gabriel, es la música y nada más.- Gabriel se quedó mirando al abogado completamente aturdido. Este continuó hablando. -Yo siempre quise estudiar música, pero bueno, ya sabes como se ponen los Padres y ya ves, terminé de terno y corbata como abogado, pero trabajar para el maestro Leroca me ha ayudado a completar un poco ese sueño frustrado, además de enseñarme a tocar batería.- Dijo con un tono meloso.
-¿Y por qué Leroca no está aquí?.-
-Justamente él está ocupado en una de las islas del archipiélago, llegará en un mes y te contará el proyecto sonoro que va a realizar y en el cual tu investigación será de suma importancia. Entiéndelo, yo no podría decírtelo, a pesar de que sé o creo saber de qué se trata todo esto, no podría decírtelo, espera al señor Leroca, él te lo dirá todo.- Gabriel suspiró pensando que el haber tomado este trabajo había sido una pésima idea. (Estoy ahí, ahí en su mente, já)
-Me prometieron una paga muy buena.- Exigió mi amigo entonces el abogado le alcanzó un cheque con un monto desbordante.
-Con eso tienes para todos los gastos necesarios, urgentes y extras que requieras por estos seis meses en que has sido contratado. Cuando termine ese tiempo, tendrás un cheque con el doble.- Gabriel quedó perplejo, el doble de aquel monto, eso sería…
-Sólo tienes que firmar aquí.- Indicó Dangelo mostrándole unos papeles más. Gabriel se abstuvo con miedo a hacer lo que le pedían, inmediatamente una duda lo azotó y se paralizó, mas el dinero no era ningún invento por lo que sin pensarlo más firmó. Una vez que firmó pareció tomar conciencia nuevamente de todo y las puertas de su mente se me cerraron bruscamente.
-Ok, ok, estamos listos Gabriel. Escucha, a pesar de que el trabajo pueda parecerte duro, sobre todo porque estarás lejos de tu familia y de tus amigos, también debes aprender a aprovechar el lugar en donde estás. Créeme, la Región del mar es también la región de la música…de los sentidos en general, aquí todo se exacerba sin piedad. Mira, mañana tocaré con mi banda de jazz en un localcito, ¿te parece si vienes a vernos? después podemos conversar un rato, te puedo endilgar para que sepas más o menos como es la vida acá porque tampoco te la puedes pasar investigando, te volverías loco. Imagínate que hasta Lovercraft, el escritor, salió huyendo de aquí luego de una corta visita diciendo que si no se iba terminaría siendo una persona inmortalmente maldita. Entonces ¿nos vemos mañana?.- Gabriel aceptó y con una sonrisas de por medio se zanjó el negocio.
A la salida, Gabriel caminó algo achacado, se sentó en una banca que estaba en una plaza y mirando hacía el suelo dejo correr unas lágrimas por sus ojos.
-¿Qué te pasa?.- Le consulté preocupado.
-Es que.- Me respondía entre sollozos como cuando niño. –No creo que pueda resistir tanto tiempo aquí, lejos de todos, lejos de ella, de la mujer que amo… de Lina.- Así que ese era el nombre de su prometida, me senté a su lado y comencé a consolarlo.
-No puedo creer que esté aquí, en este lugar, lejos de todos, lejos, tan lejos, tan jodidamente lejos, si yo tenía una buena vida. Algo ya armado. Por fin había conseguido un grupito de amigos, me iba a casar con Lina, tenía mi banda de jazz. Todo por la maldita plata. ¡Mierda!.-
-¿Hace cuanto conoces a Lina?.-
-Hace años cuando yo estudiaba música y ella enfermería. Eso fue poco después de que te encerré.-
-¿Y se llevaban bien?.- Gabriel se quedó pensativo, de pronto sus lágrimas se detuvieron, mi pregunta tenía segundas intenciones, pues cuando merodeé por su mente algo había podido vislumbrar al respecto.
-Por supuesto que sí, salvo…que supongo que no soy un buen amante.-
-¿En el sexo?.-
-¡En qué más!.-
-¿Y así piensan casarse?.-
-Nos amamos. De verdad que nos amamos, pero el sexo…no es mi fuerte. Yo… yo nunca he copulado dentro de ella. Ya llevamos bastante tiempo junto y aún siento mucho pudor con algunas cosas, me dificulta mucho excitarla, no logramos coincidir en satisfacciones este… ¿POR QUÉ TE CUENTO ESTO?
-Bueno y por qué no lo harías, supongo que no tienes amigos para hacerlo.-
-¡Ya basta! Escúchame, no te propases en tus límites, si te saqué de la cárcel en la que estabas es para que me acompañes, pero las cosas no serán como antes, no volverás a manipularme!.-
-Yo nunca he hecho tal cosa, en todo caso, siempre has sido tú el que toma las últimas decisiones.- Le dije cabreado por su actitud.
-¿Ah si? y acaso olvidaste la razón por la que te encerré.-
-Lo he olvidado.-Dije sin mentir. –Pero en todo caso, lo que sea que haya pasado, si yo lo hice tú también lo hiciste y no te puedes lavar las manos.-
-¡Es mentira, tú te empezaste a desdoblar y a consumirme! Yo ya no era yo. Y no dejaré que eso vuelva a pasar, ¡me entendiste! Sólo me hablarás cuando yo te hable.- La gente miraba a Gabriel gritarme y señalarme con el dedo, parecía un ministro de fe dando su mensaje de manera eufórica en la plaza. Por supuesto que a la vista de todos, Gabriel le estaba gritando al aire, lo que lo hacía ver como un completo chiflado. Finalmente se dio vuelta y caminó cuesta abajo, sólo se distrajo cuando vio pasar a una chica que trotaba en sentido contrario a él, es decir subiendo el cerro. Era una chica hermosa, de pelo castaño  y tez muy blanca. Su cabello largo se lo amarraba con una cola de caballo. Gabriel la quedó mirando embobado, pero ella siguió derecho hasta perderse sin si quiera molestarse por las miradas lascivas de mi amigo.
Como a las doce de la noche Gabriel se encontraba exhausto de tanto investigar sobre Bremejol, el cansancio lo tenía tan acabado que instintivamente apagó el notebook, con algo de congoja tomó su celular y marcó un número, mas la llamada que el esperaba no fue recibida, con enorme decepción fue hacía la ventana y prendió un cigarrillo. La ventana era inmensa y la vista transmitía una cierta serenidad por el hecho de dar al mar. Entonces unos gritos se escucharon en la casa de al lado, se trataba de una mujer alta y delgada, con el cabello evidentemente teñido y los labios vistosamente carnosos. La mujer, de alrededor de unos treinta años, gritaba afligida, había abierto la reja y en eso se había escapado uno de los perros de aquel recinto (perros, que por lo demás, se la pasaron toda la tarde ladrándole al que pasara cerca) la pobre mujer consternada gritaba “Coqueta, coqueta, ven para acá” y continuaba frenéticamente pidiéndole a la mascota que volviera, de pronto unos gruñidos se escucharon, al parecer dos canes se confrontaban. En eso la mujer que inútilmente estaba parada ahí, en vez de ir por la perra llamó a un tal Julio para que la fuera a buscar. El tal Julio no era otro que el viejo que nos recibió (o mejor dicho recibió a Gabriel) en la mañana. El viejo que vestía el mismo terno salió de la casa con aires de imponencia, se perdió entre las sombras del patio trasero y apareció nuevamente, pero ahora con una vara de metal del largo de un báculo en su mano derecha. Caminó con templanza hasta el final del pasaje en donde terminaba el pasaje y empezaba la calle, ahí se encontraba la tal coqueta ladrándole a un perro, entonces el viejo ya no se vio más, pero se le escuchó gritar como si fuese a acriminarse. Un sollozo profundo seguido del sonido frenético de unas patas que corrían fue el preámbulo para lo que vino. Unos profundos gemidos y aullidos se escuchaban tras los metálicos azotes que la vara realizaba al chocar contra el cemento. Los gemidos grotescos y dinamitados del perro prorrumpieron por toda la calle e incluso se podía escuchar la energía con la que el viejo azotaba al animalito que no paraba de implorar clemencia. Mi amigo, anonadado ante los sonidos comenzó a provocar en su sangre una cierta estimulación gozosa. De pronto la mujer miró a Gabriel, esta mirada fue interceptada por mi amigo y ambos entraron en una incomoda situación aunque Gabriel no se movió más de un centímetro de la ventana, se quedo ahí, morbosamente cómodo frente al hecho. Fue la mujer quien se movió, corrió a rogarle a Julio que se detuviera. “Ya Julio deja de pegarle” a la tercera vez que se lo pidió el hombre le obedeció. Después de un rato aparecieron por la casa, él continuaba con la vara en su mano derecha, tenía la camisa desabrochada, estaba acalorado, su miembro endurecido y tenía una leve sonrisa siniestra en su rostro. Ella iba unos pasos más atrás, con la mirada gacha, llevando en sus brazos a la tal coqueta que estaba tiritando, profundamente afectada. Fue la mujer quien cerró la reja y miró por última vez a la ventana  para encontrarse nuevamente con la acuciosa mirada de mi amigo quien ni se inmutó ante tal confrontación. La dama siguió su camino hasta perderse. 

Que muestra de energía tan sádica pensó mi amigo ¿qué sería esa pareja? ¿Padre e hija? ¿Esposos o amantes? (otra vez estoy en su mente) mientras su flujo mental se atestaba de preguntas, Gabriel fue cerrando los ojos, sintiendo la tenue brisa nocturna que le indicaba que aún quedaba tiempo para el invierno. Sin siquiera darse lapsus alguno, llevó su mano hasta sus genitales y empezó a manipularlos. Internamente se imaginaba el mismo ante jardín de esa gran casa, en el estaba la mujer con un rostro afligido. Sus carnosos labios estaban pintarrajeados e incluso el lápiz labial se encontraba algo corrido. El cielo se veía del mismo rojo que esa boca profunda, de pronto apareció en escena Julio que sosteniendo su mortal vara de metal se acercaba a la mujer quien no paraba de sentir miedo. Ella se sentó en el suelo, cerró los ojos mostrando especial dolor cuando el viejo hizo golpear la punta de la vara contra el piso, Julio sonrió maquiavélicamente tirando la vara lejos y acercándose a la sometida. Ésta, temblando igual que coqueta después de haber sido brutalmente castigada, trataba de evitar la mirada del viejo. Éste llegó a un punto de cercanía en donde el rostro de la mujer topaba justamente con  la entrepierna del hombre. Ésta al percatarse de esa posición, miró atemorizada a otra dirección, el viejo le quitó con brusquedad la pobre blusa que estaba usando y manoseó sin compasión los senos de la mujer que eran por lo demás senos pequeños, como de niña. La mujer bastante harta de aquello intentó alejarle la mano moviendo ligeramente su cuerpo, Julio se lanzó sobre ella hasta quedar arriba, le quito los pantalones y cualquier otra cosa que cubriese su entrepierna. La mujer indudablemente sentía incomodidad con la acción. Julio la abofeteó en el pómulo derecho sin consultarle nada. Ella le reprimió débilmente ese acto diciéndole que no le parecía bien, pero poco a poco el miembro de Julio se levantaba rígido ante esa violencia.
-¡Necesito más!.- Gruñó Julio y acto seguido le propinó un puñetazo fuertísimo en el otro pómulo. La rubia teñida quedó desmayada mientras Julio con toda la verga erecta se disponía a atacar en los interiores exquisitos de aquella mansalva dama. El éxtasis que le producía a Gabriel pensar en la penetración violenta que el viejo ejercía impunemente sobre esa mujer golpeada lo llevaba al goce vibrante, entonces llegó la eyaculación…pero vino acompañada de una repentina llamada telefónica. Con indudable chiste, Gabriel observaba como le goteaba el semen por la ventana en plena noche de Marzo. Despistadamente trató de hacer mil cosas a la vez: Cerrar la ventana, subirse el cierre del pantalón, no manchar la cama con su semen, pero le fue imposible y cayó al suelo. El celular seguía sonando, Gabriel  se apresuró a agarrarlo antes de que se perdiese y con cierta vergüenza en su rostro notó que el número que lo llamaba era el de su novia. Me miró pidiéndome a gritos cierta complicidad y contestó la llamada.
-Lina, mi amor,  ¿cómo estás?.- Preguntaba mientras se subía el cierre. Totalmente sonrojado comenzó a dar vueltas por la pieza haciendo crujir las tablas de madera que tronaban por el peso de sus zapatos. Lina le preguntaba a mi amigo si había llegado bien, de qué se trataba el trabajo y cosas por el estilo. Su voz sonaba tímida, retraída y abrumadoramente aburrida, esto combinado a la seca información que Gabriel le entregaba hacían que el ambiente fuese de una sosedad absoluta. Sin que Gabriel se diese cuenta, me escabullí por  la puerta traspasándola y muy pronto me vi en el oscuro pasillo de la casona, había muchas puertas cerradas, una que otra ventana que no dejaba ver nada por sus gruesas cortinas. Atraído por los ruidos de un infante avance hasta el límite de ese zaguán, la escalera. Todo era muy oscuro, pero a mí no me molestaba la oscuridad en absoluto, había vivido mucho tiempo dentro de ella y por lo demás mi naturaleza me dejaba reconocer muy bien las cosas en la profunda maleza de las sombras. Llegué al primer peldaño de la escalera, bajé unos cuantos centímetros y me encontré con un chiquito, tendría sus seis años, era muy delgado, tan enclenque que el menor zumbido era capaz de derrumbarlo. Tenía la piel morena y los ojitos cafés. Estaba sentado sobre uno de los peldaños en donde las tablas estaban más rajadas y abiertas producto de su antigüedad. El chiquillo sollozaba, cuando me vio fui yo el que me asusté pensando en que se pondría a gritar o hacer un escándalo, pero no hizo nada, simplemente se corrió un poco para que yo pudiese pasar.
-Hola niño ¿cómo te llamas?.- Le pregunté por la curiosidad de alguna reacción, me agaché para sentarme a su lado.
-¿No le molesta su cola?.- Me preguntó al notar como me acomodaba al sentarme.
-No, yo estoy bien.- Le aseguré. Mientras lo observaba un frío interno escurrió por mi espalda, los ojos del muchacho me transmitían un vacio de aquel que se ha tragado diez cuchillos ardiendo.
-¿Qué haces aquí?.- Pregunté con algo de incomodidad.
-Aquí me quedé desde que mataron a mis Padres.- Contestó el muchachito, el pequeño usaba pantalones cortos, sus piernas eran escalofriantes, muy sucias y rasguñadas.
 -¿Los mataron?.-
-Sí.-
-¿Y cuando pasó?.-
-Hace años.- El pequeño hizo una pausa, creí que en ese momento giraría su cabeza directamente hacía mí y abriría su boca a niveles demoniacos hasta absorberme brutalmente, pero solamente me explico la situación.
-Ellos llevaban gente aquí, la escondían. Mi Papá era ecuatoriano, era de piel negra, mucho más que la mía, mi mamá no, ella tenía la piel mucho más clara. Escondían gente, a mí me divertía porque eso hacía que la casa tuviese más vida, había más movimiento. Pero un día ellos llegaron a la casa, derrumbaron la puerta y se llevaron a todos los que estaban aquí. Mi papá intentó conversar con ellos, mi mamá corrió conmigo por el patio, pero en un momento se detuvo y me dijo que me fuera al escondite, que era un nuevo juego. Trataba de tranquilizarme, pero yo sabía que aquí nadie estaba jugando, de todas formas, por el susto que tenía corrí al escondite y ahí pude ver como ellos forcejeaban a papá, él se oponía con brutal intensidad, ellos estaban decididos a sacarlo de la casa, mi padre gritaba consignas, decía cosas que me aterrorizaban porque los maldecía con fiereza. Logró derribar a cuatro de ellos a pesar de que ellos se veían mucho más fornidos, pero todo terminó cuando le cortaron la mano, luego el pie y lo dejaron arrastrarse un momento por las escaleras, para después llevárselo agonizante.- El chiquillo hablaba con una cautela incomoda, de pronto se me ocurrió revisar las fisuras que las tablas de los peldaños de la escalera presentaban. Justamente había una fisura más grande que sobresalía del resto. Miré con atención por el hueco (mi visión es mucho más desarrollada que la de un humano) y pude notar los rasgos de un cuerpo putrefacto, descompuesto y carcomido por gusanos y ratones. No podía verlo completamente, pero por sus dimensiones estaba seguro que se trataba de…de un niño.

De golpe aparecí en el cuarto de Gabriel. Él me miraba entre asustado y sorprendido, yo no entendía muy bien por qué, de repente tuve la ocurrencia de mirar el reloj. ¡Habían pasado exactamente cuatro horas desde que me fui! ¡Desde que me fui! Comprendí en el rostro preocupado de Gabriel que me había logrado desdoblar.
-¿Viste al niño?.- Le pregunte sólo para cerciorarme de que mis sospechas eran ciertas.
-No, ¿qué niño?.- Gabriel jamás ha sabido mentir  por lo que encontrarme la razón fue fácil. No obstante, Gabriel tampoco es un palurdo y rápidamente se dio cuenta de mi treta.
-Lo hiciste ¿verdad? Confiesa, ¡te desdoblaste!.- Yo no le respondí, hacerlo hubiese sido un error. Lo que siguió fue una reacción igual de evidente: Mi amigo dando vueltas por la pieza, arrepintiéndose por haberme liberado, que yo sería su perdición, etc, etc, etc.
-Te saqué sólo porque sentí miedo, mucho miedo de llegar a un lugar ajeno, a un lugar extraño, pensé que realmente podrías ser mi compañía, que podría confiar en ti, pero me traicionarás, de seguro lo harás. Me utilizarás como lo hiciste la otra vez, eso harás.- Me recriminaba  al borde del colapso, casi gritando a viva voz, yo lo tranquilicé dándole a entender que nada de eso ocurriría, pero bien sabía yo que cualquier cosa que le dijese no serviría en lo más mínimo para convencerlo. De pronto sentí como un peso metálico atrapaba mi pata derecha. Era una cadena que nacía desde la cabeza de Gabriel vale decir desde su mente.
-¿Y esto?.-
-Para mantenerte cortito.- Me dijo Gabriel y se largo a dormir en la cama, yo me eché al suelo tratando de acomodar bien la cadena que ahora tenía unida. Vaya primer día.

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Oscuridad y silencio por Nicolas Aravena se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.

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